Ángeles Ruiz, la precursora del libro electrónico

 

La leonesa Ángeles Ruiz Robles se adelantó casi medio siglo a la idea del libro electrónico y le encontró una gran utilidad: la escuela.

El «e-book» que creó  en 1949 permitía contener todas las asignaturas que los alumnos iban a estudiar en un curso, incluyendo todo tipo de gráficos y dibujos interactivos para facilitar la labor pedagógica de los docentes en las etapas educativas inferiores. También incorporaba la posibilidad de que las lecciones se pudiesen reproducir mediante un sistema de voz muy útil para personas con algún tipo de minusvalía visual.

Ángeles Ruiz nació en Villamanín (León) en 1895. Desde pequeña destacó por su vocación docente, por lo que cursó los estudios de magisterio en León. Allí empezó a impartir clases de mecanografía y contabilidad. En 1918 obtuvo una plaza como maestra en una pequeña aldea próxima a Ferrol, donde permaneció varios años. En 1934 se hizo cargo de la Escuela Nacional de Niñas del Hospicio y, posteriormente, ya en los años 40, recibe la Cruz de Alfonso X el Sabio en reconocimiento a su trayectoria.

Entre clase y clase, Ángeles tuvo tiempo para concebir su gran idea: la enciclopedia mecánica. Su objetivo era concentrar todos los libros de las diferentes materias en uno solo para facilitar el acceso de los menores a la educación y para conseguir mejoras pedagógicas a través de unos contenidos más atractivos.

En un principio, su intención era crear un atlas científico gramatical donde se recogiesen las normas sintácticas, fonéticas y morfológicas. Así, en 1949 patentó «un procedimiento mecánico, eléctrico y a presión de aire para lectura de libros». Este artilugio portátil de 24 por 22 centímetros de tamaño y 5 kilos permitían ya la posibilidad de incluir todos los contenidos escolares a través de una bobina o cartuchos de contenidos que permitía añadir o excluir capítulos en función de las necesidades. Además, contaba con espacios reservados para que los alumnos escribiesen.

Otra de las claves del invento era su operatividad. Para facilitar el acceso de los niños a la educación pensó en utilizar para su construcción materiales resistentes, pero baratos, como los plásticos para lograr un precio asumible por el mayor número de estudiantes.

A pesar de ser una idea brillante, ninguna institución quiso hacerse cargo y financiar el proyecto. Por lo que, tras jubilarse en 1959, insistió en su enciclopedia y aportó nuevas mejoras como la posibilidad de añadir lecciones sonoras que luego los estudiantes pudieran escuchar apretando un simple botón.

Ruiz dirigió en persona la construcción en el Parque de Artillería de Ferrol de un prototipo de la enciclopedia mecánica. El resultado fue impactante, pero una vez más, el ingenio no pasó de ese primer modelo y nunca llegó a comercializarse. El tiempo ha demostrado que la idea de Ángeles Ruiz no era ninguna locura, sino una tremenda innovación.

 

Fuente:  El Correo

 

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